El Garoé o Árbol Santo tenía un carácter sagrado o mito dendrolátrico para los aborígenes de El Hierro porque el agua que manaba de sus hojas y se recogía en una especie de estanque era suficiente para abastecer a sus pobladores, pues no existía ningún otro depósito de agua potable en la isla.
Cuando llegaron los conquistadores, en el siglo XV, los bimbaches (guanches herreños) ocultaron el árbol, pensando que si los castellanos no encontraban agua se irían de la isla. Sin embargo, cuenta la tradición, que una doncella isleña, llamada Agarfa, enamorada de un español, reveló a éste el secreto, recibiendo por tal acción y como castigo de su pueblo la muerte.
El mítico árbol fue derribado por un huracán en 1.604. En la actualidad, en su lugar se encuentra un laurel como sucedáneo del legendario árbol bimbache, pero aún existen las charcas naturales o albercas donde se sigue recogiendo el agua de lluvia.

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