La jarea es un pescado abierto longitudinalmente y puesto a secar al sol después de ser lavado. Según el grado de agua que permanece en el músculo del pez, la jarea puede ser frescal o seca.
Hay que coger el pescado fresco y desviscerarlo, limpiarlo muy bien, desescamarlo y lavarlo con agua de mar. Se le pone sal por la parte interior en abundancia y se deja reposar unas horas. Pasado ese tiempo se vuelve a lavar bien con agua salada procurando quitar toda la sal. Luego sólo queda colocarlo en los tendederos o en jaulas de tela metálica de cuyos techos cuelgan trozos de tela o plástico mecidos por la brisa y cuyos movimientos espantan a las posibles moscas que pudieran posarse sobre el manjar. Y ya está, sol y viento hacen lo demás. Al menos son necesarios dos días de sol intenso o tres de medio sol para un buen secado.
La técnica es muy antigua y no es exclusivamente isleña. La famosa mojama de atún no es más que una jarea, aunque de túnido, claro. Desde tiempo muy antiguo ya los barcos y navegantes las solicitaban como cualquier otro alimento para guardarlo en sus despensas y posterior uso, pues al estar curado y protegido por la sal tenía bastante duración.
La jarea de vieja se prepara de muchas maneras. Los pescadores que la secan frente a sus mismas barcas, suelen limitarse a colocarla sobre unas brasas que hacen con aulagas u otras plantas propicias que hallan en las cercanías de la playa, mientras preparan un mojo colorado para acompañarla.



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