MANDALAS


No es un simple juego de colorear más propio de niños que de adultos. Para los hindúes y para el budismo es un instrumento de meditación, un símbolo de sanación, totalidad, unión e integración.


Los mandalas han sido usado por los grupos espirituales desde hace mucho tiempo. Caminar, danzar, observar, o dibujar mandalas puede ayudar a curar la fragmentación psíquica y espiritual, también nos ayuda a manifestar nuestra energía creativa y a reconectarnos con nuestro ser. Psicológicamente, los mandalas reflejan la psique humana, cada persona responde a ellos instintivamente, más allá de su edad, género, raza, cultura, etc.


Los mandalas son útiles para la concentración, activación de la energía positiva, energetización de lugares, meditación profunda para elevar el nivel de conciencia, expander la capacidad de la mente y la memoria.

Nos ayuda a centrarnos cuando sufrimos alguna alteración nerviosa, nos ayuda a relajarnos y a encontrar la paz en medio de las dificultades, y eso en medio de un mundo tan complejo y conflictivo ¡resulta bastante!.


Es un modo fácil y sencillo de llegar a la meditación sin tener que esforzarnos en conseguirlo, pues al prestar atención al ejercicio de pintar el mandala nos sitúa en ese lugar de meditación. Ayudan a descubrir la propia creatividad, a vencer la rutina y al stress más fácilmente y dan tranquilidad, confianza y serenidad.


Es un dibujo normalmente circular cuyos símbolos están ordenados de forma geométrica en torno a un punto central, la creación desencadena un proceso de interiorización que nos lleva a tener más paz interior. ¿Por qué pintar mandalas es una terapia? La observación de los mandalas por si misma ya es una terapia. Consigue hacer que nuestra mente se detenga al prestar atención al dibujo del mandala.





Pintar mandalas es recomendable para los niños y también para las personas que se encuentran perdidas sin rumbo, muy bloqueadas mentalmente y que no saben meditar pues se ponen muy nerviosas. Con el mandala llegaran a encontrar esa paz perdida. Cuando estamos pintando, como en todo proceso creativo de modo consciente intervienen las dos mitades de nuestro cerebro: la parte más intelectual (izquierda) y la parte más emocional (derecha) de nuestro cerebro. Así se equilibran las emociones y el intelecto.

El uso de los colores en los mandalas también tiene un significado especial. Su uso está relacionado con el estado de ánimo de quien los pinta o dibuja. Descubre lo que esconde cada tonalidad:

Blanco: nada, pureza, iluminación, perfección.
Negro: muerte, limitación personal, misterio, renacimiento, ignorancia.
Gris: neutralidad, sabiduría, renovación.
Rojo: masculino, sensualidad, amor, arraigamiento, pasión.
Azul: tranquilidad, paz, felicidad, satisfacción, alegría.
Amarillo: sol, luz, jovialidad, simpatía, receptividad.
Naranja: energía, dinamismo, ambición, ternura, valor.
Rosa: aspectos femeninos e infantiles, dulzura, altruismo.
Morado: amor al prójimo, idealismo y sabiduría.
Verde: naturaleza, equilibrio, crecimiento, esperanza.
Violeta: música, magia, espiritualidad, transformación, inspiración.
Oro: sabiduría, claridad, lucidez, vitalidad.
Plata: capacidades extrasensoriales, emociones fluctuantes, bienestar.





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