CON ACENTO CANARIO, PARRANDERO, SENCILLO Y DIVERTIDO. EN CASO DE DESAFINAR, NO VENDRÁ MAL UN POCO DE RUIDO
LA ABUBILLA
La abubilla es un pájaro insectívoro de plumaje pardo rosado, con las alas y la cola listadas de blanco y negro. Está dotado en la cabeza de un penacho de plumas eréctiles como un abanico, pero casi siempre lo mantiene cerrado. Miden de 25 a 29 cm de largo, con 44 a 48 cm de envergadura de alas. Son inconfundibles, especialmente por el vuelo errático que es como el de una mariposa gigante. En Canarias se conoce como Tabobo.
ARMADEROS y ENYESQUES
En las islas occidentales, armaderos son los alimentos que, en pequeñas raciones, se toman a bocados para acompañar la cuarta de vino. Vienen a ser lo mismo que los enyesques de las islas orientales. Los hay de muchas clases, desde el cacho de queso, al pedazo de chorizo o salchichón. Y algo más contundentes, como el plato de garbanzas compuestas, unos trozos de conejo o un buen pedazo de carne de cochino. Y, como no, también hay cabrillas.
—¡Venga la cabrilla!— dije yo, pensando en aquel pescadito bien frito que había comido otra vez. ¡Y va y me trae una cucharilla de gofio!
Me la mandé y el vino me supo a gloria, esa es la verdá.
Antonio Martí (Así habla la isla, 1976)
GUACHINCHES
La palabra guachinche probablemente viene de la expresión “I´m watching you” (le observo), que usaba el comprador inglés para indicar que se encontraba preparado para probar los productos.
(Fuente: Wikipedia)
El guachinche es una tradición dentro del mundillo de las fincas y el cultivo de la uva. Usado para disfrutar y vender los productos, especialmente el vino, al comprador extranjero y luego al consumidor local, es un lugar, situado dentro o cerca de la propia finca o de la vivienda del agricultor, para probar antes de realizar la compra definitiva. Para acompañar a la perra de vino se servía algo de "armadero" o “enyesque” de la cocina casera.
Surgen donde hay una importante actividad vitivinícola en la isla de Tenerife, principalmente en el norte: Tacoronte, La Matanza, La Victoria, Santa Úrsula y La Orotava; y, poco a poco, se van “profesionalizando” por la gran aceptación que tienen.
Los guachinches ofrecen vino propio a granel (cuartas, medias botellas, …) y una cocina sencilla, familiar y tradicional: garbanzas, ropa vieja, conejo frito, costillas con papas, carne (de) fiesta, carne (de) cabra, potas en salsa, papas con mojo, bacalao, queso,…
En la década de los 90, tras la publicación de libros y rutas sobre guachinches, comienza un "boom" durante el cual muchos establecimientos intentan subirse al tren autodenominándose guachinche. Los auténticos abren sus puertas en determinadas épocas del año para dar salida a su cosecha de vino (a partir de noviembre hasta que se acaba), son atendidos por la familia en un local próximo a la casa, con pocas mesas (no tienen porque ser todas iguales, como tampoco las sillas), ofrecen 3 ó 4 platos y no tienen carta ni lista de precios (cobran "a bulto")
Variadito, pero... ¡esto no es un guachinche!
En los últimos años, para regular la actividad, se ha restringido la oferta gastronómica debido a las denuncias de los restaurantes y bares "legales", que se sentían perjudicados por la competencia, debido a que los guachinches normalmente no estaban regulados.


SUDÁFRICA 2010
Yo siempre he aceptado pulpo como animal de compañia.
Me ha gustado que haya marcado el gol "Tauró" Puyol. Se lo merece por su entrega, por su casta, por lo buen futbolista que es, por su par y porque nunca deja de estar ahí; ni golpes ni torceduras ni mil molestias pueden con él.

Yo cambiaría el nombre del ron.
(Lo he hecho)
"El orgullo de Abades" ha estado cerca de marcar y el domingo no fallará.
Aparte, veo mucha euforia. Y está muy claro que cualquiera puede ganar a cualquiera. No hay más que ver lo de Belén Esteban en "Aquí no hay quien baile". Por eso, no está de más recordar una frase: cuanto más alto llegues, más dura será la caída.
GUAYOTA
Guayota (wa-yewta "el destructor") es el rey del mal, el demonio, el adversario del celestial Achamán, dios grande y sublime.
El aire andaba espeso, turbio y ardiente. Las nubes se arremolinaban tropezando entre ellas, también las aguas del mar andaban revueltas. Los animales estaban inquietos. Aquellos signos presagiaban que Guayota estaba próximo. Apareció Guayota y se apoderó de Magec, el dios de la luz y del sol, dejando el cielo a oscuras. Todo fue una noche cuando aún era el día. Los guanches rogaron entonces a Achamán para que tuviera misericordia, que devolviese al día sus luces, que su poder librase de todo daño. Achamán atendió las súplicas y acudió dispuesto a defenderlos. Guayota, con Magec prisionero, se había ocultado en los adentros de Echeyde. Allí fue a buscarle Achaman. Cuando lo halló, el suelo se abrió en truenos, estampidos y temblores que aturdían a las islas más lejanas. Fue el comienzo del combate, por el cráter de Echeyde, Guayota arrojaba humos, peñascos encendidos, lenguas de lava, azufres y escorias con los que intentaba doblegar a Achaman. Aire y cielo se convirtieron en un lamedal hirviente tan encendido en brasas que causaba espanto. Y prosiguió Guayota vomitando fuegos hasta que Achamán, al fin, logró vencerle. Como castigo a su maldad lo encerrró para siempre dentro de Echeyde. Después devolvió a Magec al cielo para que siguiera iluminando la tierra, y enseguida el día volvió a ser día y se aquietaron las aguas y las nubes. Guayota, cautivo desde entonces, aún respira en lo más alto de Echeyde.
LA VICTORIA DE ACENTEJO
Desembarco de Fernández de Lugo en Santa Cruz
Después de la primera batalla de Acentejo, Alonso Fernández de Lugo regresa a Gran Canaria y prepara un nuevo ejército, al que se suman grancanarios y nativos de otras islas que ya habían sido conquistados. En noviembre del 1494, Alonso desembarca de nuevo en Tenerife, con el propósito de culminar la conquista definitiva de la última isla que no reconocía aún la soberanía de la Corona de Castilla.
El 14 de ese mismo mes comienza la que se llamaría Batalla de Aguere. La vanguardia española constituida por infantería de a pie y ballesteros desordenó las filas guanches, y entró en acción la caballería seguida de los piqueros, hiriendo y matando a los fugitivos. En el enfrentamiento murieron unos 600 guerreros nativos, junto al mencey Bencomo, muerto en la actual montaña de San Roque, donde se refugió mal herido, situación que aprovechó Martin Buendía, gomero bautizado que le asestó una lanzada mortal en el pecho, después de que este se rindiera.
El 14 de ese mismo mes comienza la que se llamaría Batalla de Aguere. La vanguardia española constituida por infantería de a pie y ballesteros desordenó las filas guanches, y entró en acción la caballería seguida de los piqueros, hiriendo y matando a los fugitivos. En el enfrentamiento murieron unos 600 guerreros nativos, junto al mencey Bencomo, muerto en la actual montaña de San Roque, donde se refugió mal herido, situación que aprovechó Martin Buendía, gomero bautizado que le asestó una lanzada mortal en el pecho, después de que este se rindiera.
Estatua del Mencey Bencono (Candelaria, Tenerife)
Un mes después, Alonso terminó con la resistencia guanche, al asaltar y vencer el menceyato donde había reinado Bencomo, atacando desde el norte de la isla en dirección a Taoro. Unos 750 guerreros guanches le esperaban en un barranco del actual municipio de La Victoria de Acentejo, muy cerca del lugar en donde se había producido la gran victoria guanche meses atrás.
Esta vez, Alonso Fernández de Lugo, divide al ejército en dos grupos, el primero de ellos con las armas de fuego y los ballesteros, y la caballería en los flancos. Ésta, perfectamente organizada, cargó tras la primera lluvia de saetas, balas de cañón y descargas de arcabuces. La victoria castellana y el hundimiento de la resistencia aborigen fue total. Bentor, hijo de Bencomo y nuevo mencey de Taoro, se suicidó siguiendo el ritual guanche, despeñándose por la ladera de Tigaiga. La conquista de Tenerife se consumó, si bien la isla no se incorpora formalmente a la Corona de Castilla hasta el verano de 1496.
Rendición guanche ante Fernández de Lugo
Se cuenta que la victoria castellana en lo que se llamó segunda batalla de Acentejo fue un invento literario de los conquistadores, con el fin de borrar la afrenta de la Matanza de Acentejo.
LA MATANZA DE ACENTEJO
Tras la conquista de La Palma, a finales de 1493, a excepción de Tenerife, todas las islas Canarias quedaron bajo mandato castellano. A principios de mayo de 1494, el Adelantado Alonso Fernández de Lugo y sus tropas desembarcan en Tenerife por Añaza. La alianza contras los conquistadores quedó formada por los menceyatos de Taoro, Tacoronte y Anaga, ya que los conquistadores llegaron a acuerdos de paz con los menceyatos de Icode, Daute, Isora, Güímar y Abona.
A finales de mayo de 1494, el ejército invasor se puso en marcha con el pensamiento de atacar el corazón de Taoro. Sin encontrar gran resistencia por el camino. En Tacoronte el silencio reinante desconcertaba a Fernández de Lugo. Los guanches no aparecieron y permanecieron en silencio para no salirse del plan ideado por Bencomo, Mencey de Taoro, que era cortarles la retirada y ponérselo lo más difícil posible a los conquistadores si, como esperaban, perdían la batalla que se desarrollaría más tarde.
Bencomo confía a su hermano Tinguaro (Chimenchía) unos trescientos hombres para que se apostaran en lo alto de los desfiladeros y barrancos de Acentejo, por donde debía aparecer el enemigo antes de penetrar en el valle de La Orotava, donde los esperaba el grueso de las tropas de Bencomo que lucharían de frente, consiguiendo que por la espalda del enemigo entraran después sus aliados y derrotaran con este certero plan a los castellanos.
Fernández de Lugo siguió entrando hasta que vio que las condiciones del terreno no eran propicias para desplegar la caballería, arma muy efectiva contra los canarios por lo que decidieron regresar al campamento. Al inicar la vuelta, se empezaron a oír silbos y alaridos que el eco repitió por el barranco y por el valle, comenzando a caer una lluvia de piedras, rocas y troncos de árboles. Los conquistdores, que estaban en el fondo del áspero precipicio, entre matorrales y arbustos, no podían usar los caballos y no podían formar como escuadrón ordenado para defenderse. Además veían como los guanches, muy resueltos volaban y aparecían burlando los riscos más ásperos, golpeando con piedras y bastones al ejército invasor.
Tras tres horas de batalla, fueron numerosas la bajas del ejército de Fernández de Lugo, que consiguió escapar malherido con la ayuda de su sobrino Pedro Benítez "El Tuerto" y de guanches de Güímar. Evitando huir por Los Rodeos, donde los guanches de Tacoronte hubiesen caído sobre ellos.
Se dice que el pueblo de La Esperanza tiene ese nombre debido a la esperanza de salvación de los castellanos tras la huida de la batalla, al divisar desde esa zona montañosa el campamento en la costa.
Se dice que el pueblo de La Esperanza tiene ese nombre debido a la esperanza de salvación de los castellanos tras la huida de la batalla, al divisar desde esa zona montañosa el campamento en la costa.
También se dice que otros treinta españoles huyeron por el cauce inferior de un barranco y se refugiaron en una cueva de la montaña, rechazando los ataques de los isleños. Al día siguiente Bencomo, les dio su palabra de que si abandonaban las armas, les dejaría que volviesen a su campamento. Entregándose con total tranquilidad, sabiendo que los canarios eran hombres de palabra. Y efectivamente Bencomo la cumplió, escoltándolos cien guanches de Taoro.
Esta primera batalla de Acentejo es conocida como La Matanza de Acentejo, que da nombre al municipio homónimo del norte de la isla de Tenerife
Mural en La Matanza de Acentejo
La batalla de Acentejo supuso la mayor derrota sufrida por las tropas españolas en sus conquistas imperialistas, no sólo en Canarias (cuya conquista duró casi un siglo), sino que, en las innumerables batallas sostenidas por la conquista del Continente americano, las tropas españolas jamás tuvieron una pérdida de hombres como la que sufrieron en el encuentro de Acentejo, donde un cuerpo de ejército guanche compuesto por 300 hombres dirigidos por Tinguaro infligió al ejército invasor la mayor derrota que jamás sufrieran los ejércitos españoles en sus aventuras coloniales durante la baja Edad Media.
Hombres armados con piedras y bastones, sin lanzas ni bayestas ni armaduras y sin pólvora, pero que gozaban de un arma muy poderosa: el conocimiento absoluto del terreno.
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