Los tatuajes son tan antiguos como el ser humano. Ya existían en el neolítico y se han encontrado en momías de alrededor de 2.200 años antes de Cristo. El tatuaje fue practicado por todos los pueblos en todas las latitudes, desde los mayas hasta los esquimales y desde los bereberes hasta los tahitianos, y su objetivo no era puramente estético, sino también mítico y ritual. Las diferentes tribus de la Polinesia lo utilizaban como ornamento corporal y, de manera particular, los maoríes lo utilizaban para impresionar a sus enemigos en la batalla. En el antiguo Egipto tenían significado ritual y simbólico, con funciones protectoras y mágicas. En Grecia y Roma se usaban para marcar a los criminales. En América Central, las tribus utilizaban los tatuajes a modo de conmemoración de los caídos en batalla y como forma de adoración de los dioses. En Japón, el tatuaje llegó en el siglo X a.C., siendo utilizado como ornamento corporal.
Lo que era usado de muchas formas en diferentes culturas, hoy ha dejado de ser la etiqueta de marineros, legionarios, presos, pandilleros, cantantes de rock y contestatarios, para convertirse en moda, sin entender de sexo, edad ni condición social. Un fenómeno social que muchos se toman a la ligera y, por imitación, sin pensar que no se trata de un peinado ni un adorno temporal, es algo para toda la vida.
Diferentes sondeos indican que un 20% no queda satisfecho con el resultado, entre un 80 y un 90% de personas con tatuajes quieren eliminarlos en algún momento de su vida y supera el 35% los que se arrepienten de haberse tatuado. Cifra que aumentará en unos años debido a la gran cantidad de jóvenes que adornan su cuerpo y a que la evolución personal será mayor en ellos que en las personas adultas.
El tratamiento para eliminarlos con laser es un proceso largo, caro y doloroso y no siempre se obtienen los resultados esperados, siendo muy frecuente las cicatrices. Cuanto más grandes son peores resultados se obtienen. Los que han penetrado profundamente en la dermis y los que usan varios colores son casi imposibles de eliminar.
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¡Miénteme, Pinocho, miénteme!
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