CARNAVAL DE SANTA CRUZ DE TENERIFE


Aunque con seguridad el Carnaval de Tenerife se celebra desde inicios del siglo XVII, las primeras referencias que se conservan sobre la fiesta datan de finales del siglo XVIII, en forma de manuscritos y, con posterioridad, en forma de disposiciones oficiales que pretendían canalizar el desenfreno en salvaguarda del orden social y moral.

La primera referencia data de 1778, con una descripción de Lope Antonio de la Guerra y Peña sobre un baile de carnaval. En aquellos tiempos, Santa Cruz pasó de ser un pequeño puerto al abrigo de La Laguna, que era la capital insular, a convertirse en el principal puerto del archipiélago. La actividad portuaria impulsó su desarrollo, culminando con la obtención del título de Villa y su constitución en ayuntamiento independiente. Con el desarrollo y la actividad comercial, aparece la burguesía que protagoniza la celebración de bailes y fiestas en sus domicilios particulares, sobre todo en épocas de carnaval, creando otra alternativa a la celebración de la fiesta que el pueblo llano, mayoritariamente, celebraba en tabernas y plazas.


Los organizadores de los bailes pertenecían por lo general a la clase más selecta de la sociedad santacrucera, entre los que destacaban las autoridades militares, que disfrutaban de  veladas donde reinaba la música y los bailes, las representaciones teatrales y las actuaciones de las primeras agrupaciones formadas para el disfrute del carnaval santacrucero.

El desenfreno a la hora de divertirse en días de carnaval, más por parte de las capas populares de la población que por la sociedad militar, motivaron disposiciones restrictivas y  prohibiciones que regulaban ciertas actitudes y el uso de la máscara. Esas medidas restrictivas que pesaban sobre el carnaval eran celosamente vigiladas en otras localidades y no en Santa Cruz, donde la mayoría de las prohibiciones no se llevaban a efecto.

Máscaras en carnaval

Durante siglos, en España, el uso de la máscara en tiempos de carnaval fue motivo de las más fervientes prohibiciones y enconadas persecuciones, pues no en pocos casos proporcionaron en más de una ocasión la impunidad indebida, el encubrimiento, el secreto oculto o el misterio enigmático en actos de venganza, romances, conspiraciones, amoríos, burlas o ajustes de cuentas que la autoridad debía atajar. En Santa Cruz, aunque también se implantaron las mismas medidas restrictivas o prohibiciones, el uso de la máscara, careta o antifaz no pudo ser abolido, llegando a su punto más álgido con las llamadas “tapadas”, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, protagonizadas por damas pertenecientes a la alta sociedad que, cubriéndose el rostro con una máscara, se mezclaban con la gente en festejos populares. Hay quien sostiene que entre las citadas “tapadas” podría esconderse algún representante del sexo masculino, lo cual viene a ser, aún hoy en día, una forma muy habitual de vivir también la fiesta.


En 1840 surge el primer casino que se crea en Canarias, el Casino de Santa Cruz de Tenerife, el primer eslabón de una larga cadena de sociedades de recreo y ocio, culturales y recreativas, que jugaron un papel importantísimo en la celebración de las fiestas de carnaval, tanto durante el siglo XIX como en los años de la prohibición más absoluta, a mediados del siglo XX. Sin poder absorber en absoluto el carnaval callejero, - que siempre ha sido seña de identidad del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife -, las innumerables sociedades santacruceras pugnaban, año tras año, por ofrecer a sus socios y parroquianos un programa de actos elaborado con gran brillantez.

Fiesta de carnaval a principios del siglo XX

Pese a los innumerables bailes en las distintas sociedades de la población, el Carnaval santacrucero siempre se distinguió por ser eminentemente callejero. Cada edición comenzaba de manera invariable con la presencia de los niños que anunciaban con sus cánticos y su griterío, en prematuras horas del primer día la llegada de las fiestas.

Parranda carnavalera en 1900 por la calle San Francisco

En el año 1891, está fechada la aparición, por vez primera, de una rondalla como agrupación propia del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, formada por jóvenes de la Sociedad Filarmónica "Santa Cecilia". Más tarde, en 1987, fue fundado el Orfeón de Santa Cruz.

Orfeón La Paz en 1933

A partir del año 1900, gran parte de las plazas y vías céntricas de la ciudad fueron el escenario de un acto carnavalero de nueva introducción, las llamadas  "camelladas" (actualmente, cabalgatas), pues se empleaban camellos para portar gente disfrazada. También comenzaron a celebrarse los primeros Entierros de la Sardina.

Murga del Laya 1917

A principios del siglo XX, durante la primera guerra mundial y ante la presencia de submarinos alemanes en aguas Canarias, el cañonero "Laya" de la Marina de Guerra española arribó y permaneció en la bahía de Santa Cruz realizando misiones de vigilancia durante varios años por aguas de las islas. En 1917, la marinería del “Laya” obtuvo el visto bueno para disfrutar de las fiestas, constituyendo una chirigota, fieles a la tradición de su tierra, puesto que la inmensa mayoría de la tripulación era gaditana. Así fue como el pueblo santacrucero fue testigo de una nueva forma de  participar y vivir la fiesta, con un grupo musical de corte bufón donde la letra de las canciones era más importante que la interpretación de las mismas, donde el humor y el contenido picante jugaban un papel fundamental. Al año siguiente, varios grupos de carnavaleros recorrieron las calles de la población cantando canciones similares que irían dotando de una personalidad propia a este tipo de agrupaciones, para culminar en las murgas chicharreras actuals, donde prevalecen temas de actualidad local, el humor, mucha crítica e ironía. Pese a sus inicios, las murgas evidencian una diferencia muy considerable con las chirigotas gaditanas.

Murga de "El Chucho" en 1920

Murga infantil "Los Chorizos del Toscal" en 1929

Durante las dictaduras de Primo de Rivera (1923-1935) y del General Franco (1940-1960, fundamentalmente), ante la prohibición y persecución de la fiesta, el carnaval pasa a celebrarse, de forma camuflada, con bailes de disfraces en sociedades y con la participación en las calles de máscaras y murgas de forma clandestina, retando a la autoridad.

Carroza de carnaval, año 1933

En 1954, con Carlos Arias Navarro en su último año como gobernador civil de la provincia, se publicó en la prensa local una nota oficial que advertía la más absoluta prohibición de cualquier manifestación carnavalera, con duras sanciones a cualquier entidad particular que, mediante anuncios, publicaciones, decoración de fachadas o escaparates comerciales, incitaran a infringir la prohibición que quedaba establecida. Aún así, salieron máscaras a la calle, pasando por alto la prohibición. Se produjo una gran represión policial, sin ninguna clase de indulgencia, con grandes enfrentamientos entre policía y carnavaleros. La situación adquirió un aire tan tenso que el gobernador se vio obligando a pedir refuerzos a Las Palmas, que llegaron horas más tarde en un correillo.

Murga "Los Desamparados"

El periodo comprendido entre el final de la guerra civil y la instauración de la democracia estuvo marcado por una etapa inicial de carácter prohibicionista total, que se fue degradando progresivamente, llegando a momentos de transición debidos a iniciativas populares que desembocaron en una etapa final de permisión, aunque en esta ocasión “bautizado” como “Fiestas de Invierno”, por el hecho de seguir prohibido el carnaval en España. Este "disfraz" que se impuso ingeniosamente al Carnaval chicharrero serviría de vehículo para que, años más tarde, otras poblaciones tinerfeñas y de otras islas del archipiélago iniciaran sus esfuerzos en resurgir el carnaval en sus municipios.

Afilarmónica Nifú-Nifá. Ganadora en los 5 primeros concursos de murgas entre 1961 y 1965.

En este ambiente de intolerancia oficial hacia los carnavales pero de tolerancia hacia las “Fiestas de Invierno”, asistimos a la grandes novedades,los momentos más brillantes y de mayor imaginación que ha conocido este acontecimiento popular:
  • Se celebra el primer concurso de murgas con las participación de murgas como la de "El Chucho", "Marte" y "Los Bigotudos" (luego, "Afilarmónica Nifú-Nifá") (1961).
  • Aparece como novedad la incorporación a la fiesta de “Los Fregolinos”, una agrupación lírico-musical con orquesta y coro de voces masculinas para interpretar, prioritariamente, obras de afamadas zarzuelas o del llamado “género chico” (1961).
  • Aparición de los primeros grupos coreográficos, gracias a la iniciativa de “Los Bohemios”, pioneros en estas lides (1962).
  • Edición de un cartel anunciador en cada edición de la fiesta (1962).
  • Aparición de "Los Rumberos", la primera comparsa de Europa, formada por personas de ambos sexos que, agrupadas en parranda y en cuerpo de baile, visten e interpretan aires sudamericanos, dotándolos de coreografía propia e influenciada en las “escolas de samba” del Carnaval de Brasil (1965).
  • Tras haberse celebrado con anterioridad en 1935 y 1936, resurge el certamen de elección de la Reina de las Fiestas (1965).
  • Son declaradas "Fiestas de Interés Turístico Nacional" (1967).
  • Se incorporan las mujeres a las murgas, creando la murga mixta "Los Criticados" (1971).
  • Ante la masiva aparición de nuevas murgas, se crea el concurso de murgas infantiles (1972).
  • Se crea la primera murga femenina, "Las Desconfiadas" (1972).
  • Comienza a celebrarse la elección de la Reina Infantil (1975).
Ana de la Torre del Pino (Reina del Carnaval 1936)

Más tarde se añadieron certámenes al programa de actos, como el concurso de rondallas, concurso de carrozas y de coches engalanados, exhibición y concurso de comparsas,...

Rondalla Unión Artística de el Cabo 1953

Madurez ciudadana, respeto, solidaridad, alegría sana, hospitalidad, talante liberal, creatividad e ingenio, fueron las mejores cartas que supo jugar el pueblo de Santa Cruz de Tenerife a la hora de reconquistar su Carnaval, único celebrado como tal en toda España en aquellos años.

Carteles de las Fiestas de Invierno en la década de los 60

En el año 1976, una vez autorizada la fiesta en toda España tras la era franquista, el Carnaval de Santa Cruz protagonizaría un capítulo importantísimo en el resurgir de la fiesta en otras localidades del archipiélago. La Comisión de Fiestas de Santa Cruz  decidió colaborar en tal proyecto y se envió a la isla de Gran Canaria una representación del Carnaval tinerfeño. En el libro "Historia del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife" se comenta que "no podemos olvidar que grupos como éstos fueron los que en 1976 apoyaron decididamente con su presencia la primera edición de los carnavales de Las Palmas, que renacían después de cuarenta años de suspensión".


A pesar de que la fiesta ha sido recuperada en la práctica totalidad de las poblaciones de España, y que se celebra en un sin fin de municipios, el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife no sólo no ha perdido auge sino que, por contra, se ha convertido en el Carnaval de Carnavales, en el más prestigioso de Europa y, desde luego, en el más seguro y participativo del mundo, donde una enorme afluencia masiva de público que entusiasmado acude a la isla en esas fechas, se ve arropado por un pueblo que en sus genes lleva el carnaval, un pueblo capaz de entregarse en cuerpo y alma a la diversión sana y bullanguera, al ritmo trepidante y festivo, a la explosión de color y alegría en maravilloso maridaje con unas temperaturas primaverales que invitan a tomar la calle, donde se celebran los multitudinarios bailes con grandes orquestas hasta el amanecer, y los espectáculos que ofrecen las agrupaciones en los distintos escenarios de la ciudad. Una ciudad que es literalmente tomada por el pueblo, en cuyas calles cientos de miles de personas bailan, durante días, al son de prestigiosas orquestas y artistas de talla internacional, sobretodo los más excelsos intérpretes de la música latina, que siguen la estela que dejó en su día la recordada orquesta “Billo's Caracas Boys”, que acompañó a la inolvidable Celia Cruz en la consecución del Record Guinness durante el Carnaval del año 1987, con la concentración de doscientas cincuenta mil personas bailando la misma canción al aire libre, en la plaza de España, enclave habitual del escenario principal del Carnaval santacrucero.


En la actualidad y desde el día 15 de enero de 1980, ostenten el rango de "Fiestas de Interés Turístico Internacional".